La figura de la bruja en el Siglo de Oro español se configura como un espejo social que manifiesta tensiones entre religión, misoginia y poder político, y se transforma a partir de las representaciones literarias que circulaban en la época. A partir de la literatura de Cervantes y Quevedo, se observa cómo la brujería se vincula a la sospecha social y al control de la conducta femenina, funcionando como símbolo de desviación y amenaza para la comunidad. En Cervantes, la bruja aparece enmarcada en relatos y personajes que ponen en cuestión la racionalidad y la justicia, a la vez que permiten explorar la ambigüedad moral de sus protagonistas y la crueldad sancionada por la censura eclesiástica. Por su parte, Quevedo utiliza la figura de la bruja como recurso satírico y moralizante, exponiendo la hipocresía social y la fragilidad de las certezas teológicas, lo que sitúa la brujería como un tropo para cuestionar el poder y la fama de la élite gobernante. La dimensión social de la bruja en estas obras se complementa con un marco jurídico y disciplinario que legitima la persecución, relegando a la mujer al espacio de la culpa y la superstición, tal como señalan estudios de historia de la brujería y criminología histórica. A nivel de recepción cultural, estas representaciones dialogan con una religiosidad fervorosa y con la emergencia de un anticlericalismo prudente, que modela la imaginación popular y literaria sobre la hechicería y sus posibles peligros. En el análisis de textos cervantinos, la bruja puede funcionar como figura marginal que, sin embargo, revela la precariedad de la vida femenina frente a la violencia institucionalizada, la cual es cuestionada por la ironía y la experiencia narrativa del autor. En Quevedo, la bruja asume con mayor crudeza un papel crítico frente a la vanidad de las clases altas y a la superstición literaria de su tiempo, lo que permite entender la brujería como campo de batalla entre saberes diversos: teología, medicina empírica y saber popular. A partir de esa convergencia, la figura de la bruja se convierte en un dispositivo para discutir la legitimidad del saber, la autoridad moral y la construcción de identidades femeninas en una cultura marcadamente patriarcal. En síntesis, el estudio de la bruja en Cervantes y Quevedo ofrece una lectura enriquecedora de las dinámicas sociales del Siglo de Oro, donde la brujería funciona como lente para examinar las relaciones de género, la autoridad religiosa y la censura cultural que moldearon la vida cotidiana y la producción literaria de la época.
Brujería y hechicería en el Siglo de Oro
MARCANTE, CHIARA MARIA
2024/2025
Abstract
La figura de la bruja en el Siglo de Oro español se configura como un espejo social que manifiesta tensiones entre religión, misoginia y poder político, y se transforma a partir de las representaciones literarias que circulaban en la época. A partir de la literatura de Cervantes y Quevedo, se observa cómo la brujería se vincula a la sospecha social y al control de la conducta femenina, funcionando como símbolo de desviación y amenaza para la comunidad. En Cervantes, la bruja aparece enmarcada en relatos y personajes que ponen en cuestión la racionalidad y la justicia, a la vez que permiten explorar la ambigüedad moral de sus protagonistas y la crueldad sancionada por la censura eclesiástica. Por su parte, Quevedo utiliza la figura de la bruja como recurso satírico y moralizante, exponiendo la hipocresía social y la fragilidad de las certezas teológicas, lo que sitúa la brujería como un tropo para cuestionar el poder y la fama de la élite gobernante. La dimensión social de la bruja en estas obras se complementa con un marco jurídico y disciplinario que legitima la persecución, relegando a la mujer al espacio de la culpa y la superstición, tal como señalan estudios de historia de la brujería y criminología histórica. A nivel de recepción cultural, estas representaciones dialogan con una religiosidad fervorosa y con la emergencia de un anticlericalismo prudente, que modela la imaginación popular y literaria sobre la hechicería y sus posibles peligros. En el análisis de textos cervantinos, la bruja puede funcionar como figura marginal que, sin embargo, revela la precariedad de la vida femenina frente a la violencia institucionalizada, la cual es cuestionada por la ironía y la experiencia narrativa del autor. En Quevedo, la bruja asume con mayor crudeza un papel crítico frente a la vanidad de las clases altas y a la superstición literaria de su tiempo, lo que permite entender la brujería como campo de batalla entre saberes diversos: teología, medicina empírica y saber popular. A partir de esa convergencia, la figura de la bruja se convierte en un dispositivo para discutir la legitimidad del saber, la autoridad moral y la construcción de identidades femeninas en una cultura marcadamente patriarcal. En síntesis, el estudio de la bruja en Cervantes y Quevedo ofrece una lectura enriquecedora de las dinámicas sociales del Siglo de Oro, donde la brujería funciona como lente para examinar las relaciones de género, la autoridad religiosa y la censura cultural que moldearon la vida cotidiana y la producción literaria de la época.| File | Dimensione | Formato | |
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https://hdl.handle.net/20.500.12608/101941